Origen e Historia

Los testimonios arqueológicos más antiguos constatados en el cerro de La Mola (cerámicas y objetos de piedra -líticos-) se remontan a la Edad del Bronce (finales del III milenio a.C.), suponiendo que, en aquella época, debió de existir sobre su cima un pequeño poblado amurallado, cuya disposición, organización y características nos son totalmente desconocidas.

De hecho, tanto las noticias documentales como el registro material que tenemos sobre la ocupación de este conocido enclave de Novelda son más bien escasas, al menos, hasta el periodo califal (siglos X-XI), constatando ya, a partir de esta época, un poblamiento contínuo que perdurará durante siglos, con la construcción del recinto fortificado que parcialmente observamos hoy en día, realizada durante el periodo almohade (último tercio del siglo XII).

Vista aéreaEl castillo, entregado por los musulmanes a las tropas del Infante don Alfonso de Castilla en marzo de 1244, quedó temporalmente deshabitado tras la sublevación mudéjar de 1264-1265, pasando de manos castellanas a la Corona de Aragón tras el Tratado de Torrellas-Elche (1304-1305), bajo el reinado de Jaime II.

Este monarca cedió la propiedad de la fortaleza a su esposa, doña Blanca d’Anjou, siendo de nuevo ocupada por una pequeña guarnición militar que residirá en el propio alcázar (parte alta), y un grupo de colonos feudales que empezará a instalar sus viviendas sobre el albacar (actual explanada del Santuario), quedando por aquel entonces, como alcaide del castillo, Pedro de Montagut.

Durante el siglo XIV, fenómenos como la Peste Negra o la Guerra de los Dos Pedros (Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón), fueron causas de inestabilidad social, política y económica, con  perdidas importantes de población. Elementos que contribuyeron a que el castillo y las tierras de Novelda pasasen a pertenecer a diferentes señores con el paso del tiempo como Bertrand Duguesclin, Mathew de Gournay o Hugh de Calviley, importantes personajes bretones, vinculados a las Compañías Blancas, o bien a doña Sibila de Forcia, esposa del rey Pedro IV.

Muralla y torre triangularEn 1392, tanto el recinto de La Mola como Novelda fueron vendidos por doña Violante de Bar (esposa de Juan I), a don Pedro Maza de Lizana, siendo éste el germen de lo que posteriormente será la Baronía de Novelda, bajo el dominio familiar de los Maza de Lizana, uno de los linajes nobiliarios más importantes y conocidos del Reino de Valencia.

Durante los siglos XV-XVI, el castillo, como fortaleza feudal, alberga temporalmente al señor territorial, quien recibía el homenaje de sus vasallos, así como las primicias y demás regalías de la población cristiana de La Mola. Documentándose en esta época la existencia de una ermita bajo la advocación de Santa María Magdalena, ubicada sobre el antiguo albacar islámico, junto a las viviendas habitadas por los colonos feudales.

En las primeras décadas del siglo XVII las fortalezas del valle medio del Vinalopó pierden su valor estratégico, por lo que la población del castillo se fue trasladando paulatinamente a la villa de Novelda, ocupada mayoritariamente por población morisca, hasta su expulsión en 1609. Tras su abandono, el castillo va sufriendo un progresivo deterioro. No obstante, la singularidad de su torre triangular y recinto fortificado motivaron que el castillo fuera declarado Monumento Histórico Artístico de Interés Nacional en 1931.

A partir de la década de los años setenta del pasado siglo, se desarrollan diferentes actuaciones encaminadas a la conservación, estudio y difusión del emblemático castillo. Realizándose diversas campañas de excavación en el interior del recinto, así como la restauración de sus murallas.



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